jueves, 10 de enero de 2013



Autor: José M Perozo Piña

Crecer en sí mismo, para ser responsable con nuestros semejantes II

Así de sencillo iniciamos esta reflexión en tanto que orienta la conversa o la lectura en su caso, digo que está leyendo, por lo que constituye el crecer en sí mismo. No lo vemos como el simple ejercicio de acular libros y horas de lectura de filosofías y cultismos. O la practica incesante del modismo de moda que le vincule con el astral.

Crecer en sí mismo es el acto sencillo de acobijar, proteger, orientar en la práctica diaria de las virtudes al ser más próximo a Usted, que no es otro que Usted mismo. Nada más alejado del individualismo o del inter subjetivismo, la orientación de estas reflexiones.

Crecer conlleva el hermoso gesto de dejar todos los días, las capas de amargura, fracasos, errores o inseguridades que en el transcurso de lo cotidiano pudimos tomar del entorno en el cual nos movemos diariamente.

Diariamente estamos probando nuestras virtudes y capacidades, dadas por la Gracia de Dios para que las protejamos, acobijemos, las hagamos fuertes y rozagantes de vitalidad. ¿Cómo lo hacemos? Dejando de lado el pesimismo de la facilidad.  Llevamos con orgullo la amargura, el ser víctima, la incomprensión, el castigo, la duda, el pecado original.

Que cosa seria es la expresión “yo soy así y no puedo cambiar”. Esa expresión se la achacamos a la baja autoestima y problema resuelto. Es así de sencilla la vida, caramba creo que no. Qué fácil es mantener la autoestima baja. Ese es el común denominador. Nos llenamos de duda hasta en los sueños, para que el despertar sea de esperanza no en nosotros, sino en la suerte que pueda darnos el destino, incontrolable, externo, ajeno.

Suertudo destino que nos tiene acoquinado
 nuestra inseguridad con su incertidumbre


Lo crecer en sí mismo, es comprender la dimensión de lo humano, para asumir con humildad que aun con equivocaciones u errores, está la posibilidad de construir con Fe, las enmiendas que sean necesarias reconstruir.

El alma, esa condición inmanente, la ves todos los días reflejada en tu rostro, no por lo que te dicen, sino por lo que tú deseas que digan de ella. Un momento, estamos conspirando todos los días contra nosotros mismos, golpeando desde todos lados con nuestra fuerza interior. Es así, esa la idea central.

Pero valga el comentario de los mayores que puedan continuar diciendo, “¿Cómo voy a cambiar?” o “¿Ya para que voy a crecer? yo soy así”. Si es fácil, pero mire a su entorno, no solo se expresa verbalmente afirmaciones como “no sirvo para nada, soy un fracaso, nadie reconoce lo que hago o tengo la autoestima baja” Nos llenamos de culpa, que terminamos lamentándonos frente a nuestros hijos.
Los llenamos de lamentos, errores, quejas, gritos, que terminamos llenándolos de culpa. 

Los hijos se llenan de culpas ese convierten en personalidades impotentes de cambiar a situaciones, de luchar contra la adversidad. De ser creativos y sanos en su relación con el entorno.

En la mayoría delos casos, son ellos, los hijos, los que reciben la energía de la culpa, el reproche, la amargura. ¿Cómo?, ellos son nuestros terapeutas. Ellos reciben todo al andamiaje de problemas que podamos arrastrar como padres, porque simplemente nosotros, como mayores, somos un ejemplo, una luz o un cataclismo frente a la vida que se les viene encima.

En la generalidad de los casos, nos encontramos, con el adulto, lleno de cataclismos, pesadumbre y baja autoestima.

Dejemos de golpearnos a nosotros mismos, porque cada golpe de un adulto que se da así mismo, lamentablemente repercute en su entorno. No obstante, no es así cuando creces, cuando logras reconfortarte contigo mismo. El impacto en tu entrono es menor, y en ocasiones pasa casi desapercibido.

Ya que el acto de crecer, de ser mejores cada día es un acto de responsabilidad no solo contigo mismo, sino con tus semejantes.

Las imágenes son del autor del blog, de la serie Textura, 2013

martes, 8 de enero de 2013

José M Perozo, Serie Natura y Texturas, 2013
Autor: Soc. José M Perozo Piña

Crecer en espíritu y carácter.

Tres son los indicadores humanos por excelencia para examinar la actitud orientada el crecimiento personal; el primero, que a su vez es dual,  es el encuentro interior con Dios, como creador, es el misterio de la creación que nos dota de alma;  pero al mismo tiempo con el Ser Creado, esto es, la íntima relación con el núcleo de nuestra existencia,  la fe que se tiene a sí mismo para creer en la espiritualidad que el creador nos otorga a todos sus hijos. Este es un aspecto fundamental, ya que no es el servicio de apostolado,  es creer sencillamente, pero con  firme convicción en las virtudes para afrontar con serenidad y asertivamente la elección de vida que se desea vivir.

Las virtudes son la reconciliación consigo mismo, nos dan orientación para comprender que nacemos para elegir, es nuestra condición de humanos conscientes de que la vida es una constante elección de alternativas o posibilidades. Es aquí el punto neurálgico del crecimiento. Como cuesta decidir, tomar la decisión, enfrentar retos, comprender que vivimos en una constante acción mental y practica de elegir.  Es este primer indicador puntual para dos aspectos fundamentales en nuestra vida, la prudencia y la fe.

La prudencia es adquirida, y se corresponde con la posibilidad de usar el pensamiento, la inteligencia, creatividad y justicia ante nuestros actos. Del primer paso del recién nacido o su primera silaba ha transcurrido procesos imperceptibles que permitieron construir la fortaleza para articular la movilidad motriz o la destreza fonética para articular un sonido con significado social. Luego, el aprendizaje social contribuye a fortalecer las formas de pensar acerca de la sociedad. Pero, cuando abandonamos la prudencia de los primeros pasos, para en desbocado tropel nos arrojamos a los corre, corre del diario devenir de la agitada vida.

Nos arropamos con la facilidad de lo dado por el entorno, dejamos de aprender, perdemos el interés por conocer, en definitiva  nos arrojamos a los brazos del azaroso destino astral, que merma la inteligencia, sucumbiendo ante el temor de elegir o de decidir, los aspectos fundamentales de la vida; La vida y la forma de asumirla en el mayor de los casos queda en manos del azar o la suerte.

El segundo indicador, viene por añadidura de la Conciencia y la Fe en sí mismo, cuando se asume la vida con inteligencia para hacer del aprendizaje social una acción de reflexiva y analítica.

José M Perozo, Serie Natura y Texturas, 2013

Esto es, si bien el requisito es ser una persona que cree en sí mismo, recuerda que no se vive aislado. Somos seres sociales que interactuamos con cantidad de caracteres disimiles y en constante proceso de decidir.

Cuando la vida se asume con principios, educando las virtudes y decidiendo sobre las acciones que a diario se presentan, de seguro, optas por el camino difícil de asumir retos, de equivocarte, pero tener la fascinante oportunidad de levantarte para lograr lo que se propone lograr. Es el camino quizás de incertidumbres y retos; pero así mismo es el camino de quienes en base a la disciplina, perseverancia, creatividad e inteligencia asume que la vida es una fuente de oportunidades.  

La actitud creativa, lleva a la reflexión, cuestionamiento, autocritica fruto de la mente inteligente abierta al aprendizaje social. La actitud creativa es contraria al conformismo y a disminuir la actitud inteligente de ser consciente de los actos que desarrollamos cada instante de la vida.
Nada más frustrante que abandonar nuestro  Ser Creado a lo que el ambiente te pueda dar y, creo, que esa comodidad no permitirá darle la mejor actitud al entorno.

Se me viene a la mente la noción global de ciudadanos que lo esperan todo del Estado Benefactor. Esta actitud lleva a esperar todo del trabajo, de los mayores, de las creencias religiosas, de los astros,  en fin, de todo aquello que lleva a la pasividad. Esto es, nuestro destino está en manos de los otros, de un Presidente que haga un buen gobierno, de lograr un buen trabajo o de la suerte y la fortuna numerológica.

Involuciona en el deseo de innovar, de crear como seres humanos dotados de Inteligencia.
De allí que el tercer indicador es educarnos a ser innovadores, si, así como se lee. Innovadores en nuestra Fe, innovadores en la forma como nos relacionamos consigo mismo. La evolución de la vida es la rebelión de lo presente con lo que viene. En qué etapa de nuestra vida estamos, que tiempo ha pasado, que se constituye en aprendizaje para que el hoy sea piso sólido para construir el futuro.

Somos seres con historia, somos seres humanos con inteligencia para crear, para innovar, para decidir, para lograr, en fin para crecer en espiritualidad y carácter personal.